Por: Camila Rua
La moda es una oportunidad para mezclar culturas, construir y reconstruir el tejido social, así lo muestra el trabajo de Cleiner Cabadías con su marca homónima. La moda, para ella ha sido fuente tanto de ingresos como de felicidad, pero también ha sido un sistema de difícil acceso cuando se trabaja en ciudades como Quibdó, no constituye un epicentro de moda en el país somo si lo son Medellín y Bogotá.
Cleiner y sus trabajadoras crearon a partir de retazos nuevas telas que conservan la herencia africana de las originales. Pero con un nuevo espíritu y texturas únicas, llenas de color como las flores en relieve que conforman una chaqueta. Estas piezas fueron presentadas en su desfile durante Universo MOLA Fashion Week y para conocer más sobre su trabajo hablamos con ella.
Puede hablarnos acerca de su marca…
La marca surgió en un momento de necesidad, hace 35 años más o menos, nosotros llegamos a la ciudad de Quibdó, antes vivíamos en una finca, porque mis padres eran campesinos y trabajaban en la agricultura. Cuando llegamos a esta ciudad no había nada que hacer, pero mi madre siempre cosió, siempre utilizó su máquina Singer, así que mi mamá empezó a trabajar con ella. Yo soy la mayor de las hermanas, como hermana mayor uno siempre está más pendiente y más pilas a todo lo que sucede, por eso yo estoy más enfocada en la marca. Más adelante mis padres se fueron cansando y yo tomé las riendas del taller, en 2005, saqué cámara de comercio y me puse enfrente de la marca.
Mi inspiración para la marca siempre han sido las raíces, la mezcla étnica y de la cultura, así que, trabajo mucho las mezclas, las texturas indígenas, africanas, etc. También, eso nos sirve para darle un aire diferente, una proyección diferente, tenemos una marca que tiene una esencia bastante cimentada, por eso creo que permanecemos y seguimos funcionando y seguimos generando los sustentos de las familias.
¿Cuál fue la inspiración para la colección presentada en Universo MOLA Fashion Week?
Como mencioné anteriormente, venimos trabajando toda esta inspiración étnica, ancestral y de nuestro entorno, por ejemplo, la selva del Chocó, que es muy virgen, tiene mucha fauna y flora y solamente los que la conocen ven su potencial. Realmente siempre lo he visto, lo he notado y trato de que en las colecciones esté ahí presente. Pero en todos los talleres, en todo este trabajo que hacemos con la moda siempre quedan residuos, en algunos casos más que otros, y aunque uno trata de minimizar al máximo los residuos, siempre van a quedar.
Hace unos años hice una chaquetita con esos residuos y quedó muy hermosa, todo el mundo la admiraba. Entonces vimos que podíamos hacer algo con los residuos de forma que la gente la pudiera usar y no algo simplemente bonito. Desde hace años vengo trabajando en eso y haciendo piezas, como las que hicimos en el Universo MOLA Fashion Week, pero nunca pensé llevarlas a una pasarela, simplemente las estaba haciendo, coleccionando y no las había vendido tampoco. Mis hermanas siempre me preguntan: ‘¿qué vas a hacer con eso?, estás invirtiendo un poco de plata en eso’, yo les digo ‘déjenme, déjenme’, hasta que se dio la oportunidad de presentarlos en el MOLA Fashion Week. Todo eso fue inspirado en esa ancestralidad de las abuelas y de coser a mano. Ahí hay dos chaquetas que son hechas totalmente a mano con los residuos, inclusive hay una de ellas que nunca será vendida, porque quien la hizo falleció en el tiempo del COVID, a esas chaquetas les puse el nombre de ella, Gloria.
¿De qué manera la inspiración sobre la ancestralidad de las abuelas se conecta con las diferentes técnicas que utilizaron para trabajar los residuos textiles?
En realidad acá en nuestro medio están las señoras de la tercera edad, que años atrás trabajaban a mano, pero con ellas no suelen trabajar. Hace tiempo yo fui instructora del SENA y llegaban esas señoras a hacer cursos, ahí conocí a muchas de ellas y les enseñaba las técnicas modernas y ellas compartían ese saber ancestral que tenían guardado. Muchas veces, ellas no sacan a flote sus conocimientos por falta de material, recursos y apoyo, entonces, a las clase yo llevaba los residuos que quedaban del taller, y con ese material inventábamos. Más adelante, le dije a las que tenían potencial que trabajaran los retazos y que luego me lo vendiera. De esa forma, recuperamos todo ese pasado ancestral, todas esas bellezas que hacían esas abuelas y que hoy día se han ido perdiendo, porque el tiempo de hoy no es para eso y hacer una prenda de esas, lleva semanas y/o meses. Entonces, ese trabajo hoy en día, la gente no lo quiere hacer, y debemos trabajar para ver cómo lo recuperamos.
¿De dónde provienen los residuos textiles utilizados?
Los residuos de material vienen del taller, yo me encargo de cortar las telas y al mismo tiempo voy clasificando y seleccionando las texturas, las que son livianas,pesadas, etc. También, hay materiales que contaminan y/o destiñen, entonces esas las desechamos, porque dañarían el resto.
¿Qué sí he querido hacer? Ir a otros talleres de la ciudad y mirar la forma de recolectar los residuos, porque estoy completamente segura que la mayoría van a las cuencas de los ríos o a la basura. Entonces, la idea es esa, mirar cómo entre todos podemos poner este granito de arena para cuidar al planeta y minimizar el impacto de contaminación.
¿Qué retos tuvieron al trabajar con residuos textiles?
Muchas veces queremos plasmar algún diseño, queremos hacer este diseño en esta técnica y no nos sale, pero sale otro. Entonces, son experiencias enriquecedoras, por ejemplo, una de las prendas que se hacen pegando retazos de colores, en técnicas africanas, en las telas africanas, inicialmente no se parecía a la que hoy estamos haciendo, porque la hacíamos de otra forma, quedaban detalles que no pueden ser, unos pelitos colgando que no se ven tan finos. A medida del tiempo, con las chicas, fuimos perfeccionando la idea y el detalle que no queríamos que saliera desapareció. Al final es una satisfacción, la verdad, lo que más me encanta es la felicidad y la emoción de las chicas cuando terminan una pieza.
¿Cómo trabajan ustedes con las distintas comunidades indígenas?
Trabajo sobre todo con la comunidad Kuna, las otras son las comunidades Emberá-Chamí. Las comunidades indígenas ya tienen sus reglas, por lo regular las mujeres son las que trabajan, pero las mujeres no negocian, son los hombres y ellos son los que cobran. Entonces, yo les llamo a ellas, les compro lo que producen o les encargo, porque molas casi uno no consigue. Cuando queremos salirnos un poquito de esa inspiración de ellos es complicado, así que esa forma casi no la utilizo, porque una vez la utilicé y no funcionó. Lo que yo hago como para ayudarles en algunos puntos es que les mando las telas, algunas telas también que van sobrando aquí se las envío, porque les sirve para decorar; si no, voy y compro las telas y se las envío.
Con los indígenas chamíes que hacen las chaquiras, ellos sí están más cerca y viven aquí dispersos en la ciudad de Quibdó. Yo conozco como dos o tres y cuando quiero decorar algún traje, los llamó y ellos me lo decoran. Pero, bajo las condiciones de ellos.
¿Qué dificultades ha tenido al trabajar la moda desde otras regiones de Colombia?
Bueno, eso sí es un tema gravísimo, complejo y muy duro para uno que está acá. O sea, es como cuando hay una mujer hermosa, una reina bonita, la más bella, pero resulta que está allá escondida en su casa. Y andan buscando reina, pero como ella está en su casa, nadie la ve. Eso pasa en nuestro medio, no solamente yo estoy acá, hay mucha gente que está trabajando, la moda es una cosa bella, diferente, pero resulta que estamos acá. Nadie nos ve, no hay nadie que venga en términos de moda a visitarnos, para nada. ¿Qué pasó conmigo? yo soy víctima del conflicto armado y gracias a la unidad de víctimas, que monitorea lo qué están haciendo las víctimas me encontraron. Para el Bogotá Fashion Week una empresa de productos cosméticos para el cabello, estaban buscando para hacer una alianza con alguien de la moda. La unidad de víctimas rastreó, me encontró a mí y a muchos otros, ellos nos unieron para hacer vestuarios, accesorios, zapatos y todo.
Así es como pude estar en el Bogotá Fashion Week, porque la verdad yo no tenía plata para ir allá. Nos desplegaron una cantidad de publicidad que me dio a conocer, si no hubiera sido por la unidad de víctimas, hoy en día estaría haciendo mis cosas a un precio muy bajo, porque realmente lo hacíamos. En algunas ocasiones no nos daba para sacar arriendo, pagar nuestros estudios, no daba, porque los precios eran muy bajos. Pero después de eso, se valorizó lo que hacemos, también nos asesoraron en Bogotá e hicimos una tarea de averiguar costos y precios de trabajos similares al que nosotros estamos haciendo, allí fuimos balanceando los precios y pudimos avanzar también como empresa.
¿Qué significó para usted y su marca participar en Universo Mola Fashion Week?
Me gustó mucho haber presentado esta colección, porque nunca antes había sacado a la luz, ni había mostrado que venimos haciendo esto. Aquí me salí un poco del molde y del confort en que venía, porque la gente siempre me ha conocido y me ha visto en lo étnico.
Además fue una experiencia maravillosa, encantadora, porque conocimos personajes de diferentes partes del mundo, de culturas diferentes, que vienen haciendo también lo mismo que uno, con los mismos recursos materiales, pero utilizando una técnica diferente.




