Extender la vida útil de las prendas reduce el impacto ambiental hasta un 30% a través de la transformación de la rutina doméstica de lavado, secado y reparación.

Por: Reimar Salas

La discusión sobre sostenibilidad textil suele quedarse en el acto de compra, pero la magnitud del problema va mucho más allá del origen de las telas. Esta industria genera una huella ambiental que, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) abarca hasta el 8% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, el consumo anual de 86 millones de piscinas olímpicas de agua y un alto impacto químico. Por lo que la industria textil necesita mirar también hacia el uso cotidiano de la ropa como el desgaste prematuro provocado por ciclos de agua caliente, el uso constante de la secadora y los químicos abrasivos que convierte el mantenimiento de las prendas en un punto crítico dentro de la crisis ambiental.

El arte del lavado consciente

El lavado constante somete a los textiles a una fricción mecánica agresiva que desgasta las fibras antes de tiempo. Entonces, para proteger las prendas, el primer paso es reducir la frecuencia de lavado, como en el caso de la ropa de abrigo, los pantalones o las chaquetas no necesitan lavarse tras un solo uso, basta con ventilarlas al aire libre o aplicarles vapor.

Cuando lavar sea necesario, siempre es recomendado hacerlo con agua fría en un máximo 30 °C para no debilitar las fibras elásticas ni desgastar los colores, reduciendo además un 90% el consumo energético. De igual  forma, es importante abrochar cremalleras y dar la vuelta a las prendas para evitar fricciones, en caso de lavar fibras sintéticas como poliéster o nylon, es importante implementar bolsas de lavado con filtro para evitar que las microfibras plásticas lleguen al océano, según la Organización Earth (2023) estima que medio millón de toneladas de estas partículas llegan al océano cada año siendo un equivalente de cincuenta mil millones de botellas plásticas.

Química responsable en el detergente

Los detergentes convencionales y los suavizantes comerciales contienen químicos sintéticos que contaminan el agua y acumulan residuos en las fibras, restandoles la transpirabilidad. La clave está en utilizar la dosis exacta de detergente ecológico biodegradable para evitar acumulaciones de jabón que atraigan más suciedad.

Se puede sustituir el suavizante industrial por vinagre blanco de limpieza, un ingrediente natural que neutraliza olores y suaviza la tela sin deteriorarla y para potenciar la limpieza o tratar manchas sin recurrir a lejías agresivas, se puede usar una cucharada de bicarbonato de sodio al ciclo de lavado.

Secado y almacenamiento sin daños

La secadora es una de las principales responsables del encogimiento y rompimiento de los tejidos. Es por eso que secar la ropa al aire libre es la mejor alternativa, cuidando siempre de tender a la sombra para que la radiación solar no degrade los colores.

Las prendas de punto o lana requieren un cuidado especial como no colgarlas húmedas ni usar perchas, ya que el peso reformará los hombros, dejarlas secar en horizontal sobre una superficie plana y guárdalas dobladas, en caso de las camisas o chaquetas, emplear perchas de madera o acolchadas en lugar de perchas finas de alambre.

Mantenimiento activo y reparación

Adoptar un mantenimiento activo consiste en solucionar pequeños desperfectos antes de que la prenda quede inservible. Como el tratar las manchas de forma inmediata con agua fría y jabón neutro antes de que la suciedad se fije en el tejido.

Aprender nociones básicas de costura para pegar un botón o arreglar un dobladillo alarga sustancialmente la vida de cada prenda en el  armario. Asimismo, eliminar las pelotillas provocadas por la fricción en la lana o el algodón utilizando un peine textil o un quita pelusas, devolviéndole a la prenda su aspecto original. Estas acciones tienen un impacto real y de suma importancia porque según WRAP (2024), “aumentar la vida útil de una prenda en tan solo nueve meses reduce su huella de carbono, agua y residuos entre un 20% y un 30%”.

Un compromiso cotidiano con el planeta

 La verdadera sostenibilidad no comienza en los escaparates ni en las pasarelas, sino en nuestras propias rutinas domésticas, es por eso que cambiar la relación con el armario implica entender que cuidar, lavar conscientemente y reparar no son tareas menores, sino decisiones con un impacto directo en el medio ambiente, permitiendo de esta manera extender la vida de lo que poseemos y transformar el mantenimiento de la ropa en una acción de consumo responsable; asimismo, demostrando que el estilo más duradero es aquel que respeta los recursos de la tierra.

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