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Por: Valentina Gamaleri Nazha

Andrés Astudillo y los nuevos desafíos del consumo en la industria de la moda

El diseñador y docente colombiano reflexiona sobre cómo la identidad, el comportamiento del consumidor y la comunicación están transformando la manera en que las personas se vinculan con la moda.

La relación entre las personas y la moda está atravesando un proceso de transformación. Para Andres Astudillo, diseñador de modas, docente y especialista en comportamiento del consumidor, el cambio se explica a partir de dos conceptos clave: identidad y sentido de pertenencia.

Durante mucho tiempo, las tendencias funcionaron como una guía que definía qué vestir para integrarse a determinados grupos sociales. Sin embargo, Andrés observa que hoy la relación con la moda se está desplazando hacia una búsqueda más personal. “Antes existía un miedo a no pertenecer si no seguías la tendencia. Ahora la moda se ha convertido en una representación simbólica de lo que somos y de lo que sentimos”, explica.

En este contexto, el vestuario deja de ser únicamente una cuestión estética y se convierte en un lenguaje capaz de comunicar emociones, valores y posiciones frente al mundo. La ropa, según Andrés, permite expresar aspectos de la identidad que muchas veces no se verbalizan directamente.

Cortesía de Andrés Astudillo

Comprender al consumidor para conectar con él
Desde su experiencia académica y profesional, el diseñador destaca la importancia de analizar el comportamiento del consumidor para entender cómo se toman las decisiones dentro de la moda. Las elecciones de compra, sostiene, están atravesadas por factores emocionales, sociales y culturales.

“Cuando hablamos de moda también estamos hablando de bienes intangibles”, señala. Detrás de una prenda existen elementos como la identificación con una marca, el reconocimiento social o la representación de ciertos valores.

En este sentido, comprender qué siente, qué busca y qué le importa al consumidor permite a las marcas desarrollar propuestas más cercanas a su público. Andrés menciona herramientas como los mapas de empatía, que ayudan a identificar las motivaciones emocionales detrás de las decisiones de compra.

Este análisis también refleja una realidad cotidiana: las personas rara vez se visten completamente con una sola marca. El estilo personal suele construirse a partir de combinaciones diversas que responden a preferencias estéticas, posibilidades económicas y contextos individuales.

Comunicación, cultura y responsabilidad
Para Astudillo, la comunicación ocupa un lugar central dentro de la industria de la moda. Muchas veces, marcas con productos de gran calidad no logran posicionarse si no consiguen transmitir de forma clara su propuesta de valor.

Sin embargo, advierte que comunicar también implica una responsabilidad. En un escenario donde los consumidores están cada vez más informados, los errores relacionados con la identidad cultural o mensajes poco coherentes pueden generar reacciones inmediatas.

Frente a este panorama, Andrés considera que la moda latinoamericana tiene una oportunidad importante en la valorización de sus historias, tradiciones y memorias colectivas. En medio de la hiperestimulación de información y tendencias, volver a esas raíces puede convertirse en una forma de reconectar con el sentido cultural de la moda y con las personas que la habitan.

 

Amy Talks Fashion: entre algoritmos, consumo y criterio, una nueva forma de entender la moda

En un ecosistema digital atravesado por la inmediatez, la sobreinformación y la constante aparición de tendencias, la relación entre las personas y la moda atraviesa un proceso de transformación. Amy Talks Fashion, estratega en medios pautados, comunicadora de moda y fashion stylist entre Guadalajara y Ciudad de México, analiza cómo este cambio redefine no sólo el consumo, sino también la manera en que se construye identidad a través del vestir.

En lugar de responder automáticamente a cada tendencia, hoy emergen preguntas vinculadas al uso, la durabilidad y el origen de las prendas. Esta transición señala un desplazamiento desde el impulso hacia decisiones más informadas, en un escenario donde la abundancia de opciones genera tanto acceso como saturación.


Cortesía de Amy.

Entre accesibilidad y conciencia
La masificación del consumo, impulsada por la accesibilidad de ciertas propuestas, plantea un desafío central: cómo construir una mirada consciente dentro de un sistema diseñado para incentivar la compra constante. Para Amy, esta tensión no tiene una resolución simple.

“El consumo consciente no depende solo del poder adquisitivo”, sostiene. Más bien, se vincula con el uso que cada persona hace de lo que ya posee. Repetir prendas, extender su vida útil o elegir con mayor criterio se convierten en prácticas que reconfiguran el vínculo con la moda, incluso dentro de estructuras dominadas por la inmediatez.

Vínculos que van más allá de la compra
Este cambio también impacta en la forma en que las audiencias se relacionan con las marcas y los contenidos. Si antes la aspiración estaba asociada a estilos de vida lejanos, hoy se orienta hacia experiencias más cercanas y coherentes con la propia identidad.

Para Amy, la clave está en generar conexiones desde lo cotidiano. Mostrar el uso real de las prendas, compartir procesos y abrir conversaciones desde la honestidad permite construir una relación más humana. En ese cruce, la moda deja de ser únicamente aspiracional para convertirse en un espacio de identificación.

Sin embargo, la inspiración no desaparece. Se transforma. Ya no se trata de parecerse a otro, sino de construir una versión más auténtica de uno mismo. Así, la manera en que se comunican las marcas y los creadores de contenido cambia, comenzando a dialogar desde valores, coherencia y comunidad.

El valor de lo cultural en un entorno global
En un feed globalizado donde las imágenes se replican constantemente, la diferenciación ya no depende únicamente de lo visual. Para Amy, la identidad se construye desde el contexto: las historias, las referencias y los significados que acompañan a cada propuesta.

“La moda no es solo estética”, afirma. Es también un reflejo de lo social, lo cultural y lo económico. En ese sentido, la diversidad cultural aparece como un valor clave, no sólo en términos creativos, sino también como una forma de sostener propuestas más auténticas y situadas.

Cuando estas dimensiones se integran en la comunicación, la moda adquiere profundidad. De lo contrario, corre el riesgo de convertirse en una repetición vacía de imágenes sin contenido.

En un escenario donde todo parece disponible y replicable, el desafío ya no es acceder, sino elegir con sentido. Y en ese proceso, el desarrollo de un criterio propio se vuelve una herramienta fundamental para construir una relación más consciente con la moda.

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