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Por: Valentina Gamaleri Nazha
Del fast fashion al activismo:
La mirada de Carola Moya sobre el consumo que desborda la moda
La velocidad del consumo y la lógica del descarte redefinen hoy la industria de la moda. Carola Moya, consultora en sostenibilidad, analiza las contradicciones del sistema y propone repensar la relación entre producción, consumo y responsabilidad social.
Cada vez más profesionales de la industria de la moda comienzan a cuestionar el impacto ambiental y social de un sistema basado en producir, vender y descartar a gran velocidad. Entre ellos se encuentra Carola Moya, activista y consultora chilena, CEO de Santiago Slow y directora de la Fundación Conexión Natural.
El activismo forma parte de su historia desde muy joven. “Soy activista desde los 14 años”, cuenta. Durante años trabajó dentro del sistema de la moda asesorando al retail, experiencia que terminó generándole una contradicción personal: “sentía como si trabajara en el lado oscuro, creando necesidades que la gente no tiene”.
Ese cuestionamiento coincidió con el surgimiento del movimiento slow, una corriente que propone desacelerar los ritmos del consumo y fomentar economías locales. Con el tiempo, esa mirada se convirtió en el eje de su trabajo profesional.
Actualmente dirige la consultora Santiago Slow y asesora a empresas del retail en sostenibilidad, diseño circular y comunicación responsable.

Cortesía de Carola Moya.
El auge del hiperconsumo
Hablar de sostenibilidad dentro de la moda implica enfrentar una contradicción. Mientras el discurso ambiental gana espacio, el ritmo del consumo sigue acelerándose.
Según su análisis, el perfil del consumidor cambió. “Antes las personas se preocupaban por la calidad y por cuánto le iba a durar la ropa”, explica. Hoy predominan la inmediatez, la circulación constante de imágenes y la presión por renovar la propia imagen.
Ese escenario ha dado lugar a lo que describe como hiper fast fashion, un sistema aún más veloz que el fast fashion tradicional, impulsado por plataformas digitales y modelos de producción casi inmediatos.
Chile se ha convertido en uno de los países donde esta dinámica se expresa con mayor fuerza. El consumo promedio de prendas por persona pasó de unas 13 al año a cerca de 50 en la última década.
Nuevos modelos y búsqueda de identidad
Las alternativas dentro de la economía circular buscan modificar el modelo lineal de producir, vender, usar y desechar. El intercambio de ropa, el consumo de segunda mano o el alquiler de prendas aparecen como estrategias para reducir el impacto ambiental.
Para Carola, una de las propuestas más interesantes es el upcycling, que consiste en reutilizar prendas existentes para transformarlas en nuevas piezas. “La prenda más sostenible es la que ya existe”, resume.
Desde su experiencia, concluye que el desafío es colectivo: diseñadores, empresas y consumidores forman parte del mismo sistema y deben comenzar a cuestionar el modelo que sostiene a la industria. Detenerse a pensar cómo producimos y cómo vestimos puede convertirse también en una forma de activismo.
Chau tendencias: Merlina Carolina reflexiona sobre la identidad en una nueva forma de consumir moda
En un escenario dominado por la sobreestimulación visual y el consumo inmediato, cada vez más personas comienzan a cuestionar su relación con la moda. Merlina Carolina, especialista en cultura de moda y estilo personal de El Salvador, reflexiona sobre cómo una nueva generación de consumidores busca identidad, propósito y representación cultural en la moda.
Merlina Carolina, consultora de estilo, educadora y diseñadora de moda salvadoreña, fundadora de la marca Néctar, analiza desde hace años la relación entre estética, cultura y consumo. Según explica, en la última década comenzó a hacerse más visible un cambio en la forma en que las personas consumen moda. “El consumidor empezó a preguntarse desde dónde está consumiendo y por qué importa hacerlo diferente”, señala.
Las redes sociales y plataformas visuales, a su vez, ampliaron el acceso al universo de inspiración estética. Sin embargo, esa abundancia también generó un efecto inesperado: muchas veces termina produciendo uniformidad. “De repente vemos a muchas personas usando una específica combinación; esto pasa porque buscan referencias en Pinterest”, señala.

Cortesía de Merlina Carolina
Vestir con intención
En medio de esa repetición, aparece un deseo claro: diferenciarse. Para Merlina, no se trata solo de moda, sino de una necesidad humana. “Ese consumidor que ya despertó de esta ilusión busca diferenciarse primeramente por la necesidad primitiva del ser humano de expresar su individualidad”.
En este contexto, vestir deja de ser solo una compra. Se convierte en una forma de consumo cultural: las imágenes que elegimos mirar, las marcas que apoyamos y las referencias que incorporamos a nuestra vida cotidiana comienzan a mostrar nuestro posicionamiento sobre la moda. Para Merlina, el desafío está en aprender a observarlas sin perder la propia identidad.
“Podemos ver una tendencia, pero preguntarnos si corresponde a nuestro sistema de valores, a nuestro contexto de vida o a la persona que somos”.
Moda latinoamericana: nueva conciencia de consumo con identidad y cultura
El cambio en la forma de consumir prendas también coincide con una mayor visibilidad de nuevas geografías creativas. “Latinoamérica ya se está posicionando dentro de lo que es hacer moda”, afirma.
Hoy conviven distintas formas de consumir. Algunas personas siguen tendencias; otras buscan alternativas más personales o conscientes. Lo alentador, según Merlina, es que cada vez más consumidores cuestionan sus elecciones.
“Es vivir con intención. Como elegir lo que voy a comer o el estilo de vida que quiero tener”.
Quizás ahí esté el verdadero cambio: entender que vestirse no es solo seguir una tendencia, sino también expresar quiénes somos y qué valores elegimos sostener.



