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Por: Valentina Gamaleri Nazha

Romina Montaño y el arte de desarmar la moda para reconstruir la industria

Desde la enseñanza, el diseño y la investigación, la diseñadora mexicana Romina Montaño propone conocer la anatomía de lo que vestimos a partir de sus procesos, poniendo el foco en el origen de los materiales, los oficios y el valor real de lo que consumimos.

Frente a una industria donde la sostenibilidad suele quedarse en el discurso, Romina pone el foco en los procesos. Desde su formación en diseño de artesanía y su especialización textil, desarrolla una práctica que integra producción, educación y conciencia ambiental. El trabajo de Romina apunta a lo esencial: entender cómo se hacen las cosas.

Además de desarrollar proyectos textiles, es docente en la Universidad de Guadalajara y en ITESO, donde también investiga sobre plantas tintóreas. A esto se suma Indie, un espacio educativo donde personas de distintas edades se acercan a los oficios desde una mirada sustentable. “Aprender a hacer cambia completamente la forma en que valoramos un objeto”, sostiene.


Cortesía de Romina Montaño.

El proceso detrás de cada prenda

Uno de los ejes de su trabajo es acercar a las personas a los procesos textiles. Para Romina, conocer cómo se produce una prenda permite dimensionar el tiempo, el trabajo y los recursos que implica.
En sus talleres, ese aprendizaje se vuelve tangible. Al enfrentarse a técnicas manuales, muchas personas experimentan por primera vez la complejidad del hacer. Esa experiencia transforma su percepción: deja de ser un objeto más para convertirse en algo con valor.
El objetivo no es formar artesanos, sino generar conciencia. Entender el proceso modifica la relación con el consumo, tanto en lo emocional como en lo económico.

Sostenibilidad más allá del discurso

Romina también advierte sobre el uso superficial del concepto de sostenibilidad. En una industria donde el término se volvió tendencia, muchas veces se utiliza sin un cambio real en los procesos. “Ahora todo quiere ser sustentable”, señala.

Frente a esto, propone ir más allá del discurso y enfocarse en las decisiones concretas: materiales, producción y destino de las prendas. Desde proyectos educativos como el huerto agroecológico, donde se trabaja con ciclos completos, de la siembra al compostaje, plantea una mirada integral de la moda. Entender de dónde viene lo que usamos y qué pasa después es parte de la responsabilidad del diseño. Más que una etiqueta, la sostenibilidad aparece como una práctica que se construye en cada etapa del proceso.

 

Más allá del objeto: Lina Bermeo y la búsqueda de propósito en la moda

A través de su proyecto Tarpui, la diseñadora colombiana Lina Bermeo desarrolla una práctica que vincula moda, naturaleza y comunidad, poniendo en el centro los procesos, las historias y el sentido de lo que se produce.

El proyecto nació a partir de un cambio personal en sus hábitos y su forma de habitar el mundo. Desde esa búsqueda, Lina empezó a preguntarse cómo trasladar esa conciencia a la moda. Así surge Tarpui, una iniciativa que trabaja con tintes naturales y oficios textiles, en colaboración con otras personas y territorios.
Hoy, ese camino se traduce en una propuesta que entiende la moda como un espacio de conexión, donde cada prenda refleja no solo un proceso productivo, sino también una forma de ver el mundo. “La idea es sembrar conciencia”, explica.


Cortesía de Lina Bermeo.

La historia como parte del producto

Para Lina, una prenda no se entiende sin su contexto. Los procesos detrás de cada pieza, los tiempos, los materiales, las personas involucradas, son parte de su valor. En Tarpui, esto se refleja en prácticas como la tintorería natural, donde los resultados dependen de los ciclos de la naturaleza. Son procesos más lentos, pero también más conscientes.
Contar estas historias permite que las personas comprendan por qué una prenda tiene determinado valor y qué la diferencia de la producción industrial. A partir de allí, la narrativa deja de ser solo una herramienta de comunicación y pasa a ser parte del producto.

Cómo diferenciar compromiso real y marketing cuando una marca habla de sostenibilidad

En un contexto donde la sostenibilidad se volvió un estándar esperado, Lina señala la dificultad de distinguir entre marcas comprometidas y discursos vacíos. El uso de ciertos recursos visuales o palabras clave no garantiza un proceso responsable. Por eso, insiste en la importancia de desarrollar una mirada crítica como consumidores: leer etiquetas, entender materiales y cuestionar los mensajes.

También plantea que construir una marca auténtica implica tomar decisiones que muchas veces van en contra de la lógica de la industria, como respetar tiempos más largos o priorizar procesos colaborativos. En Latinoamérica, esta búsqueda se vincula con el territorio y la cultura. Trabajar con comunidades, desde la co-creación, permite generar propuestas con identidad propia y evitar la apropiación superficial. Así la moda deja de ser solo un producto, convirtiéndose en una herramienta para construir sentido.