Una mirada a los impactos sociales y ambientales de la industria de la moda en América Latina
Por: María Villacorta, Voz MOLA Perú y Claudia Vázquez, Voz MOLA México
En los últimos años, el aumento de la temperatura global ha evidenciado que la crisis climática no afecta a todas las personas por igual. En América Latina, más del 80% de la población vive en ciudades y muchas comunidades enfrentan de manera directa los efectos ambientales y sociales de esta crisis. Según AIDA, en 2019 el 1% de la población más rica generó el 92% de las emisiones de CO2 mientras que el 50% más pobre produjo apenas el 0.27%.Esto demuestra la relación entre cambio climático, desigualdad y justicia social.
La industria de la moda forma parte de este problema por su impacto en los materiales, la producción y los residuos, pero también puede ser parte de la solución. Por ello, hablar de justicia climática y social en la moda implica preguntarnos no sólo qué materiales utilizamos, sino quién produce las prendas, en qué condiciones, cómo se distribuyen los beneficios y qué impacto tiene la actividad sobre los territorios. Desde esta mirada México y Perú muestran problemáticas y alternativas diferentes, pero conectadas por la necesidad de construir una industria más justa y sostenible.
La moda como herramienta de justicia social y regenerativa en México En México, la expansión del consumo de ultra fast fashion ha profundizado problemas ambientales y sociales. La industria textil genera poco más de 2 millones de toneladas de residuos al año y, no solo en Ciudad de México, se calculan más de 180 toneladas diarias de desecho de ropa, de las cuales menos del 5% entra en esquemas reales de reciclaje. A esto se suma la contaminación de ríos por colorantes y metales utilizados en procesos de teñido, como ocurre en la Cuenca Alta del Río Lerma, donde comunidades agrícolas y poblaciones cercanas enfrentan sus consecuencias.
El impacto ambiental también está relacionado con las condiciones laborales. Cerca del 80% de quienes trabajan en maquilas y talleres de confección son mujeres, muchas en contextos de informalidad, salarios bajos, extensas jornadas y poca protección social. Así quienes sostienen la producción de prendas de bajo costo pueden ser también quienes viven más cerca de los efectos de la contaminación.
Frente a este panorama, han surgido iniciativas que plantean soluciones desde distintos puntos de la cadena. En el ámbito de los materiales, Deserto desarrolla cuero vegetal a base de nopal, mientras RECOS utiliza fibras recicladas y biopolímeros renovables elaborados con trigo y maíz. También existen propuestas de economía circular, como Estilo Libre Moda Consciente, que apuesta por la confección local, el cero desperdicio y el consumo responsable, y proyectos de upcycling como SVLIM o Relove, que reincorporan telas descartadas.
La justicia social también puede abordarse mediante el comercio justo. Marcas y colectivos como Carla Fernández, Somewhere, Marieta Linda y Ojitos Negros trabajan con artesanas e indígenas, promoviendo condiciones económicas más dignas y el reconocimiento de sus conocimientos e iconografías. A nivel colectivo, Fashion Revolution México impulsa la transparencia de las cadenas de suministro y los bazares de segunda mano fomentan formas de consumo más conscientes.
Estas experiencias muestran que las soluciones requieren transformar cómo se produce, consume y distribuye el valor.
La moda como herramienta de justicia social en Perú En Perú, la relación entre moda, sostenibilidad y justicia social se vincula estrechamente con el trabajo de las artesanas, la conservación de los territorios y la transmisión de conocimientos ancestrales. En el Climate Talk, realizado en su 12 ° edición, especialistas destacaron la necesidad de impulsar una transformación de la industria textil mediante una producción eficiente y responsable, involucrando a empresas, diseñadores, instituciones y consumidores. Marcas como Meche Correa, Sumy Kujón, Ani Álvarez Calderón, Beneai y Qaytu han presentado propuestas en esta línea.
Según el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, el 75% de las personas inscritas en el Registro Nacional del Artesano son mujeres y, de ellas, el 74.8% se dedica a la textilería. Por eso, la sostenibilidad también implica reconocer las oportunidades económicas y la autonomía que genera el trabajo artesanal.
Esta conexión entre moda, cultura y ambiente se observa especialmente en la Amazonía. El Ministerio del Ambiente ha impulsado 14 emprendimientos textiles de comunidades nativas de San Martín, Madre de Dios, Loreto, Cusco, y Ucayali, que utilizan algodón nativo, semillas y tintes naturales mientras buscan contribuir a la conservación de los bosques. Un ejemplo es la comunidad Yanesha en 2022, SERNANP impulsó un acuerdo para promover la moda ética y las artesanías, vinculando su comercialización con la conservación de 50 hectáreas de bosques de la Reserva Comunal Yanesha. También destaca Warmi Awadora, asociación de mujeres indígenas artesanas de Lamas que mantiene técnicas ancestrales de tejido y genera oportunidades económicas mientras participa en la conservación de sus bosques.
También destacan materiales amazónicos como la shiringa, un látex de Loreto y Ucayali que puede ser una alternativa al cuero animal, y otras fibras como el ceibo. Sin embargo, que un material sea natural o biodegradable no garantiza por sí solo una cadena sostenible. También es necesario considerar cómo se obtiene el recurso, quién lo produce y quién recibe los beneficios.
Por ello, la justicia en la moda peruana implica reconocer a las comunidades, proteger sus conocimientos y territorios y asegurar que las oportunidades económicas se distribuyen de manera justa. La conservación cultural y ambiental puede convertirse así en parte de una misma solución.
Los casos de México y Perú muestran que la justicia climática y social en la moda va más allá de utilizar materiales sostenibles. Implica reconocer a quienes producen, proteger los territorios y asegurar que los beneficios de la industria se distribuyen de manera justa. Mientras México apuesta por alternativas como la economía circular, nuevos materiales y el comercio justo, Perú vincula la moda con la conservación de bosques y saberes ancestrales. En ambos casos, una moda verdaderamente sostenible debe ser responsable con las personas y con el ambiente.
Fuentes(MÉXICO): Clausuras por descargas contaminantes (PROFEPA y PROPAEM): Tanto la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) como la estatal (PROPAEM) han realizado intervenciones en el corredor industrial de Lerma y la cuenca del río por vertidos ilegales.
Estudios de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx): Investigadores de la Facultad de Química de la UAEMéx han documentado extensamente cómo los efluentes de las tintorerías e industrias textiles locales que vierten al Río Lerma contienen altas concentraciones de colorantes recalcitrantes y metales pesados que las plantas de tratamiento convencionales no logran degradar.
FUENTES (INTRODUCCIÓN Y PERÚ)
https://aida-americas.org/es/blog/justicia-climatica-al-alcance-de-todas-las-personas
https://www.misereor.org/fileadmin/user_upload_misereororg/publication/es/cambio_climatico_energia/policy-brief-justicia-climatica-y-derecho-a-la-ciudad-en-america-lati na-comunidades-al-frente-de-la-transformacion.pdf
https://www.gob.pe/institucion/minam/noticias/70118-certifican-marca-colectiva-warmi-awadora-que-agrupa-a-comunidades-que-conservan-bosques-en-san-martin?.com




