Por Giovanna Marotta @academiadelenceria

 

En artículos anteriores, hemos explorado la importancia de la lencería inclusiva como una expresión vital de la identidad de género. Sin embargo, hoy nos sumergiremos en un terreno más específico y delicado: el dilema que enfrentan las personas transgénero que menstrúan al buscar lencería que se adapte a su anatomía, refleje su identidad de género y permita la gestión menstrual de manera cómoda.

La lencería no solo es una prenda, sino una herramienta poderosa para expresar nuestras identidades y sentirnos bien con nosotres mismes. En mi trayectoria como diseñadora de lencería inclusiva, he trabajado arduamente para crear prendas que se adapten a diversas anatomías, incluyendo a las personas peneportantes en el mundo de la moda.

Sin embargo, surge un desafío crucial: los métodos de gestión menstrual convencionales, como las toallitas o toallitas de tela ecológicas, son incompatibles con prendas diseñadas para cuerpos peneportantes, ya que carecen del soporte necesario. Aquí es donde las personas transgénero que menstrúan enfrentan dificultades específicas al adaptar la lencería a estos dispositivos, especialmente aquellos que buscan evitar prendas de estilo femenino.

Es fundamental comprender que las personas menstruantes no son exclusivamente mujeres, y las personas transgénero pueden sentirse cómodas con esta experiencia natural o por el contrario, sentirse completamente incómodas. Sin embargo, para aquellos que prefieren evitar la lencería de estilo femenino, la adaptación de la misma a los dispositivos de gestión menstrual puede convertirse en un desafío, especialmente durante días dolorosos para las personas vulvaportantes que se identifican con una identidad masculina.

En el actual mercado global de la moda, no existen soluciones para estas problemáticas específicas. Las personas transgénero se ven obligadas a enfrentar desafíos como utilizar toallitas femeninas sin alas en boxers, una opción incómoda, o renunciar a la ética del uso de las toallitas ecológicas en la lencería diaria porque no tienen como adaptarlas a sus prendas íntimas. La pregunta es evidente: ¿los diseñadores de indumentaria pueden marcar la diferencia en la vida de estas personas?

La respuesta radica en la escucha. Cada persona transgénero vive su experiencia de manera única, desde su relación con la genitalidad hasta la percepción de su cuerpo y su identidad. La clave está en elegir cuidadosamente el público objetivo, acercarse, preguntar y comprender sus problemas. Es un acto valeroso y transformador desde el punto de vista emprendedor, la creación de prendas inclusivas no solo en términos de talle o anatomía, sino como respuesta a un problema significativo que afecta a muchas personas en la comunidad LGBTQIA+.

 

Esta iniciativa demuestra que se puede ser activista y generar un cambio desde cualquier posición, no solo alzar una bandera. La promoción de la educación en torno a las necesidades de las personas transgénero menstruantes es clave para impulsar un cambio positivo en la industria de la moda. 

 

Desde mi punto de vista, he observado el esfuerzo de mis alumnas por crear prendas inclusivas y conectarse con las disidencias, veo un posible cambio a corto plazo en el mercado. Sin embargo, la pregunta persiste: ¿estás dispuesta como diseñadora a ser parte de esta transformación?

 

Crear prendas inclusivas va más allá de la moda; es una declaración de respeto, comprensión y solidaridad. La revolución inclusiva está en marcha, y cada diseñadora tiene la oportunidad de ser una fuerza positiva en este cambio. La elección es tuya: ser parte de la solución y desafiar las normas obsoletas o mantener el statu quo. La moda evoluciona, y vos, como diseñadora, tienes el poder de liderar esa evolución hacia la inclusividad y la igualdad. ¿Estás lista para el desafío?