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Por: Valentina Gamaleri Nazha
Javiera Amengual: repensar la moda entre identidad, consumo y cultura
La fundadora de Franca analiza cómo la saturación de tendencias, la búsqueda de sentido y la riqueza cultural latinoamericana están transformando la forma en que las personas se vinculan con la moda.
En un contexto marcado por la sobreinformación, el ritmo acelerado de las tendencias y el aumento del costo de vida, cada vez más consumidores comienzan a cuestionar cómo y por qué compran ropa. Para Javiera Amengual, fundadora de la consultora de moda y comunicación sostenible Franca Estudio, este momento refleja una transición hacia vínculos más conscientes y personales con el vestuario.
Franca nació hace casi diez años en Chile como un e-commerce de moda sostenible. Con el tiempo evolucionó hacia un magazine especializado y, posteriormente, hacia Franca Estudio, un espacio dedicado a asesorar marcas en comunicación y relevancia cultural. Este recorrido permitió a Javiera observar de cerca cómo se transforman las conversaciones en torno a la moda dentro de América Latina.
“Siempre nos interesó entender cómo se vive la moda sostenible desde nuestra región, no solamente replicar discursos del norte global”, explica.

Cortesía de Javiera Amengual
Cuando las tendencias generan agotamiento
En los últimos años, las redes sociales aceleraron la circulación de tendencias a un ritmo difícil de seguir. Estéticas que cambian constantemente impulsaron un consumo impulsivo, donde la moda comenzó a funcionar como una serie de códigos temporales que los usuarios adoptaban y abandonaban rápidamente.
Javiera señala que esta dinámica empezó a producir una fatiga evidente tanto en consumidores como en marcas. “Hubo un momento en que todo era ‘core’, como si cada semana hubiera una nueva estética que seguir”, comenta. Frente a ese escenario, muchas personas comenzaron a preguntarse dónde queda su identidad dentro de esa dinámica.
El resultado ha sido un regreso a una relación más reflexiva con la ropa. Para quienes buscan escapar de ese ciclo acelerado, la moda vuelve a entenderse como una forma de expresión personal. “El vestuario es un lenguaje”, explica Javiera. “Permite construir identidad y comunicar quién eres”.
Cultura y creatividad latinoamericana
El debate sobre sostenibilidad también se cruza con una pregunta clave: cómo lograr que el consumo consciente sea accesible. Para Javiera, este cambio no depende únicamente de las decisiones individuales, sino también de transformaciones estructurales dentro de la industria.
Al mismo tiempo, los consumidores están desarrollando estrategias más inteligentes para comprar. En lugar de adquirir muchas prendas de corta duración, se busca elegir piezas más versátiles o de mejor calidad. “Se trata de preguntarse qué decisión tiene más sentido en tu contexto”, señala.
Para Javiera, uno de los grandes activos de la moda latinoamericana está en su diversidad cultural. Técnicas textiles, saberes artesanales y tradiciones locales forman parte de un patrimonio creativo que muchas veces no se reconoce lo suficiente dentro de la propia región.
“La sostenibilidad no ocurre en el vacío”, concluye. “Siempre está vinculada a una cultura, a un territorio y a las personas que forman parte de esa historia”.
Natalia, LaCirculander, analiza las nuevas formas de construir identidad a través de la moda
La relación con la moda atraviesa una transformación impulsada por cambios en sus formas de consumo, donde la identidad cultural empieza a tener más peso que la simple novedad. Natalia, creadora de contenidos caleña y fundadora de Circulander, analiza cómo estos cambios se reflejan en la manera de vestir y de entender la moda.
Cali es una ciudad colombiana donde la cultura influye profundamente en la forma de vestir. Natalia Salazar, creadora LaCirculander, explica que la identidad local mantiene una conexión fuerte con su historia cultural. Dentro de su marca personal, crea contenido en Instagram explorando la diversidad cultural de Cali. “Hay una identidad que nos une a quienes vivimos acá y que es un poco nostálgica de los años 70, muy marcada por la salsa de los abuelos”, señala.
Esa referencia continúa presente en el imaginario de la ciudad, aunque hoy convive con otras formas de expresión estética. Para Natalia, el escenario actual muestra distintas maneras de relacionarse con la moda. “Hay personas que todavía buscan vestirse desde esa nostalgia, otras combinan esa identidad caleña con referentes contemporáneos, y también quienes prefieren mirar hacia tendencias globales”.

Cortesía de Natalia de LaCirculander
La moda como lenguaje social
En un entorno digital donde las tendencias cambian con rapidez, Natalia considera que la moda también cumple una función social: conectar personas que comparten valores y formas de ver el mundo:
“Hacer parte de una comunidad que represente lo mismo que uno quiere promover en su día a día es muy importante”
Desde esta perspectiva, la ropa funciona como una herramienta de comunicación que permite expresar afinidades culturales y estéticas. La gran cantidad de estímulos visuales en redes sociales también modifica la experiencia del consumo. “Hay tantos estímulos y tanta oferta que muchas veces ni siquiera sabemos qué elegir”, comenta.
La diversidad cultural en la moda caleña
La moda también puede narrar la diversidad cultural de un territorio. En Cali conviven influencias que muchas veces quedan fuera del imaginario más difundido de la ciudad. “Hay una diversidad muy grande que viene desde el Pacífico, con culturas más vinculadas al mar o al río, y también influencias de otras regiones como Nariño”.
Comprender esas raíces implica acercarse a la moda desde el respeto y la investigación. Según Natalia, no se trata simplemente de usar referencias culturales, sino de conocer su origen y el trabajo de quienes las producen.
Desde sus contenidos en redes sociales, Natalia intenta acercar estas reflexiones a un lenguaje cotidiano. “Yo caleñizo las tendencias”, cuenta. Así, en lugar de replicar fórmulas habituales de internet, propone expresiones propias del habla local, como “alistando la pinta pa’ jalir”.
Para ella, comunicar desde la cercanía permite abrir conversaciones sobre cultura, identidad y consumo. Hablar de moda de forma simple, sostiene, también puede despertar interés por las historias que hay detrás de lo que vestimos.




